La historia se puede repetir en el 2026

Wilmer Fernández, director de Cutivalú
Wilmer Fernández, director de Cutivalú

El Perú está a merced de los peores políticos y políticas, de los ciudadanos y ciudadanas más corruptos que hoy tiene el país. Está a merced de figuras como Keiko Fujimori, César Acuña, Rafael López Aliaga, Patricia Chirinos y Vladimir Cerrón. Muchos dirán que el partido de Pedro Castillo, Perú Libre, que ganó la presidencia en el 2021, es el principal responsable de esta debacle. En parte, tienen razón: Perú Libre ha sido parte de este gobierno. Sin embargo, es un error generalizar y colocar a todos los partidos de izquierda en el mismo saco. En las elecciones de 2021, hubo otras posiciones de izquierda más moderadas; Perú Libre representó la facción más radical.

En segundo lugar, las elecciones de 2021 fueron caóticas, con 19 partidos participando, lo que permitió que dos «pitufos» —partidos con poca representación y estructura— pasaran a la segunda vuelta presidencial. Este fenómeno llevó a que partidos sin capacidad de gobernar, sin estructura ni recursos humanos suficientes, llegaran al poder. Por eso ha gobernado el Congreso, responsable del caos político del Perú.

«Los peruanos votamos de manera emocional, poco informados, alejados de la política y con la resignación de que «llegue quien llegue, nada cambiará»

Los partidos que han destrozado el país ingresaron al Congreso mediante un «pitufeo» de votos, con porcentajes bajos que reflejan su falta de legitimidad nacional: Perú Libre (14.06%, 37 escaños), Fuerza Popular (11.72%, 24 escaños), Renovación Popular (9.73%, 16 escaños), Avanza País (8.75%, 22 escaños), Acción Popular (9.21%, 16 escaños), Juntos por el Perú (6.13%, 5 escaños), Alianza para el Progreso (7.61%, 15 escaños), Podemos Perú (5.44%, 12 escaños) y Partido Morado (5.28%, 3 escaños). Ningún partido superó siquiera el 15% de los votos válidos, evidenciando una fragmentación política que ha destruido la institucionalidad del país.

«Un táper con 20 soles, un gorro, una falsa promesa o el candidato con más publicidad determina nuestro voto. De esta forma, terminamos eligiendo a las y los peores»

Esta fragmentación, resultado de la participación de 19 partidos en campaña, no solo dividió a la sociedad peruana, sino que llevó al colapso del Estado. A esto se suma un tercer factor: los peruanos votamos de manera emocional, poco informados, alejados de la política y con la resignación de que «llegue quien llegue, nada cambiará». Así, un táper con 20 soles, un gorro, una falsa promesa o el candidato con más publicidad en los medios determina nuestro voto. De esta forma, terminamos eligiendo a las y los peores.

Un cuarto factor de esta crisis es que los elegidos suelen ser ciudadanos con antecedentes graves: denuncias por corrupción en cargos anteriores, por violencia familiar, por vínculos con organizaciones criminales o por campañas financiadas con dinero ilícito. Estos antecedentes convierten a los políticos en blanco fácil de extorsión. Un político con denuncias es vulnerable ante otros con más poder con acceso a manipular la justicia, lo que genera un círculo vicioso de chantajes. Un ejemplo claro es cómo las extorsiones políticas atribuidas a la exfiscal Patricia Benavides lograron unir a polos opuestos, como congresistas de Perú Libre y Fuerza Popular, en una alianza perversa.

«Votantes desinformados que actúan con indiferencia y partidos que negocian con nuestros votos. Si no reflexionamos sobre nuestro voto, la situación empeorará»

Finalmente, con la vacancia de Pedro Castillo, Dina Boluarte, renunciando a cualquier rastro de dignidad personal y política, entregó el gobierno a los partidos perdedores para lucrar con el Estado. Como un Esaú que vende su primogenitura por un plato de lentejas, Boluarte priorizó el poder y el beneficio personal sobre su integridad. Hoy, el país está gobernado por figuras secundarias, ni siquiera elegidas por voto popular, como José Jerí y Fernando Rospigliosi, ambos accesitarios de otros políticos elegidos.

La responsabilidad es compartida: votantes desinformados que actúan con indiferencia y partidos que negocian con nuestros votos. ¿Serán diferentes las próximas elecciones con 39 partidos? Si no reflexionamos sobre nuestro voto, la situación empeorará. Cualquier «pitufo» político puede llegar al poder, perpetuando extorsiones políticas y un ciclo sin final feliz.

«Un voto informado puede cambiar la historia. Primero, no votemos por los partidos que hoy están en el Congreso, todos son responsables de esta debacle»

Pero no todo está perdido. Un voto informado puede cambiar la historia. Primero, no votemos por los partidos que hoy están en el Congreso, todos son responsables de esta debacle. Segundo, tenemos que elegir candidatos sin denuncias por corrupción, por violencia familiar, por vínculos con economías ilegales como la minería informal, la tala de bosques o la trata de personas, ni antecedentes en organizaciones criminales. Esta información estará disponible para Ud.; no justifiquemos la corrupción diciendo que «todos son corruptos».

Hay personas honestas. Nos toca buscarlas en la multitud de ofertas que tendremos. No renunciemos a que nuestro voto tenga significado, tenga fuerza de cambio, represente a una ciudadanía informada. No votemos por un regalo o una promesa vacía. Que no nos engañen los letreros de la avenida Sanches Cerro, de la Avenida Progreso o de otras calles, ni las pintas. La responsabilidad está en nuestras manos.