
Campaña electoral 2026
La campaña electoral 2026 se enciende en todo el país. En Piura, el paisaje urbano ya comienza a saturarse por todas partes con pintas y carteles cuyas fotografías de candidatos y candidatas pretenden fijarse en la retina de la ciudadanía. Toda estrategia vale. Un aniversario o un cumpleaños son buenos pretextos para repartir abrazos por parte de candidatos/as que, estoy seguro, después de las elecciones desaparecerán.
En estos días quienes pretenden llegar a un puesto político son amigos de todos/as. En principio, todo está bien, pues la democracia permite pluralidad y creatividad, así como cualquier forma de expresión que busque convencer.
Sin embargo, con la campaña también se refuerzan los discursos de odio, aquellos que, en vez de unir, desunen, disgregan y fragmentan la unidad del país, pues buscan la invisibilización o eliminación del otro. Son ejemplos de esto el «terruqueo» realizado por el fujimorista Rospigliosi contra quienes ejercen el derecho político a la protesta, o el pedido de Rafael López Aliaga de que un periodista sea «cargado» (o eliminado). También constituyen discursos de odio la activación, por parte de medios de comunicación, de notas informativas sobre terrorismo en vísperas de la campaña electoral.
Habría que recordarle al fujimorismo que hoy no es necesario reactivar el fantasma del terrorismo para asustar a la gente y obtener su voto. La población ya vive con pánico día a día cuando sale a la calle, gracias a la delincuencia, a la cual no se le puede llamar terrorismo. Estas campañas que usan el miedo no son buenas: no unen al país, sino que lo dividen, estableciendo categorías de buenos y malos. En democracia, las campañas deben basarse en propuestas que resuelvan los grandes problemas del país, como la pobreza, la anemia y la falta de empleo, no en el miedo o en la eliminación simbólica del contrincante, incluso antes de que sea candidato/a.
No debe repetirse la campaña de la segunda vuelta electoral de 2021, que, cuando Castillo pasó a la contienda final, se activó el clasismo y el racismo más duro del Perú. Este racismo se manifestó en frases tan infelices de muchos fujimoristas como:
- “No vote por el cholo analfabeto, vote por el Perú”;
- “Un cholo iletrado no puede ser presidente”;
- “Los serranos pobres como Castillo traen el comunismo y la miseria a Lima”;
- “No a los cholos que vienen a robar con sus ponchos”;
- “El indio Castillo quiere convertir al Perú en Venezuela” (Patricia Juárez);
- “Un cholo iletrado no puede ser presidente” (Mario Vargas Llosa);
- “Castillo es un campesino ignorante que no sabe ni leer el Perú” (Phillip Butters).
Este racismo llegó al extremo de que la entonces presidenta del Congreso, Maricarmen Alva, se negara a darle la mano a elegido Pedro Castillo cuando este acudió al hemiciclo. Fue un racismo descarado. Quienes promueven estas ideas no deben ser elegidos/as.
Para estas elecciones, los peruanos y peruanas debemos exigir que las campañas estén a la altura de los cargos a los que aspiran los candidatos. No podemos tolerar que sea elegido un candidato que promueva discursos de odio o miedo. Elegir a quienes fomentan discursos que polarizan, que en vez de buscar la unidad fragmentan el tejido social y ven al país en términos de buenos y malos, es legitimar la violencia y avalar ideas que nunca conducirán a la unidad. Un candidato o candidata cuya participación anticipe un país más dividido no debe ser elegido.
El Perú es un solo país, y quien llegue al gobierno debe gobernar para todos los peruanos/as, tanto para quienes votaron por él o ella como para quienes no. Por eso, un criterio fundamental para las elecciones del 2026 es elegir una propuesta política que no dividan a la nación, sino que la una.
















![“Soy enfermera y me infecté por segunda vez de Covid-19. Ahora toda mi familia está contagiada” [Testimonio]](https://archivo.cutivalu.pe/wp-content/uploads/2020/05/testimonio-lady-1-e1590693047591-100x70.jpg)



