
La primera infancia sigue siendo uno de los mayores desafíos del país. Especialistas advierten que la falta de atención oportuna, los altos índices de anemia y la escasa comprensión sobre el valor del afecto en el desarrollo de los niños podrían definir el futuro del Perú.
La primera infancia, esa etapa que va desde la gestación hasta los seis años, es determinante para el desarrollo de toda persona. Sin embargo, sigue siendo un tema poco priorizado en las políticas públicas y en la vida familiar.
Así lo afirmaron las especialistas Alicia Jaramillo Pingo, de la UGEL Sullana, y Mónica Agurto Trelles, docente y especialista en lenguaje y aprendizaje, durante una entrevista en Cutivalú.
Desde su experiencia en comunidades rurales, Alicia Jaramillo lamentó que aún existan situaciones que reflejan el poco valor que la sociedad otorga a los más pequeños. Recordó un hecho reciente que generó conmoción: el hallazgo de un niño de dos años abandonado en un espacio donde un grupo de jóvenes consumía drogas.
“Hoy despertamos con una noticia que refleja cómo la sociedad ve a los niños: un pequeño de dos años fue encontrado en un lugar donde había jóvenes consumiendo drogas. Eso retrata el valor que les damos a nuestros niños y, más aún, a los más pequeños. Hay descuido, violencia, falta de educación, de salud y de bienestar. Si nosotros decimos que hay violencia en las calles, hay marchas; pero la violencia en casa, esa desatención, eso es lo que nos retrata ahora como sociedad”, expresó con indignación.
El cerebro se forma desde los primeros años
La docente Mónica Agurto explicó que los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo cerebral. Indicó que, hasta los tres años, el cerebro de un niño alcanza el 60 % de su desarrollo total, y que a los seis años ya llega al 80 %.
Sin embargo, advirtió que esta etapa crítica no está recibiendo la atención que merece. En el Perú, la anemia y la desnutrición afectan al 43 % de los niños menores de cinco años, lo que limita su desarrollo cognitivo y emocional.
“Desde que el niño está en el vientre, su cerebro comienza a formarse. Hasta los tres años desarrolla alrededor del 60 % de su capacidad. Por eso, la alimentación, el cuidado físico y el afecto son fundamentales. Un niño con anemia o desnutrido no desarrolla normalmente su cerebro. Si no actuamos ahora, dentro de 20 años tendremos una sociedad con enormes carencias cognitivas y emocionales. La brecha entre los niños del campo y de la ciudad cada vez es más grande”, señaló la especialista.
Cobertura educativa desigual y falta de conciencia familiar
Aunque la educación inicial es obligatoria desde el 2024, la matrícula y asistencia siguen siendo bajas, sobre todo en zonas rurales.Según Alicia Jaramillo, todavía hay familias que consideran que los niños pequeños “no necesitan ir al colegio”. La especialista subrayó que no basta con matricularlos, sino que es necesario asegurar su asistencia diaria y la participación de las familias.
“La tasa de cobertura neta es del 92 %, pero eso no refleja la realidad. En zonas rurales, muchas familias todavía creen que el niño está ‘muy pequeño’ para ir al colegio, y eso les quita oportunidades. Si las mamitas jóvenes entendieran la importancia del buen trato, de alimentar con cariño, de cuidar con respeto, nuestra sociedad sería otra. Somos parte de la construcción del proyecto de vida de esos niños”, explicó.
Salud y afecto: pilares del desarrollo integral
Para Mónica Agurto, hablar de una infancia sana no se limita a la ausencia de enfermedades. También implica salud emocional, afecto y acompañamiento. Un niño amado crece con más confianza y desarrolla mejores habilidades para enfrentar la vida.
“No solo se trata de que un niño esté bien alimentado. También necesita afecto, apego, sentirse querido y seguro. El primer aprendizaje de toda persona es motor y emocional. Si no hay amor, no hay desarrollo integral. La educación no depende solo del maestro. Ahora forma un trinomio: la familia, la escuela y el niño. Los padres deben involucrarse mucho más. Educar es tarea de todos”, precisó.
Para finalizar, ambas especialistas coincidieron en que la familia es el primer espacio de formación y afecto. Allí se siembran los valores que definirán el futuro de la sociedad.
“A nosotros no nos enseñaron a ser padres, lo aprendemos en el camino. Por eso es importante orientar a las familias para que comprendan que amar también es poner límites. Demuestren amor con límites. Amar no significa permitir todo. El respeto y el vínculo afectivo son la base para que nuestros hijos crezcan seguros, felices y con valores”, concluyó Agurto.
















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