Gobierno de ladrones: los «héroes» de la cleptocracia peruana

Wilmer Fernández, director de Cutivalú
Wilmer Fernández, director de Cutivalú

Por: Wilmer Fernández, director de Cutivalú

El Perú de este gobierno “ya no es una democracia”, es una cleptocracia. La palabra cleptocracia proviene del griego: «kleptēs» (κλέπτης), que significa «ladrón», y «kratia» (κρατία), que significa «poder» o «gobierno». Literalmente, cleptocracia se traduce como «gobierno de los ladrones». Este término se utiliza para describir un sistema político en el que los gobernantes o líderes abusan de su poder para enriquecerse de manera ilícita, generalmente, a través de la corrupción, el desvío de recursos públicos o el robo sistemático de un Estado.

El Perú “ya no es una democracia”, es una cleptocracia bien instalada en todas las instituciones que una vez fueron más democráticas. Este sistema de gobierno cleptocrático o gobierno de los delincuentes para los delincuentes es la distorsión total de la democracia peruana, que en su sentido original es el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo. Hoy gobiernan nuestro país las y los corruptos, aquellos hombres y mujeres que llegaron al poder el 2021 con mentiras, y hoy gobiernan para sus intereses y de los grupos de poder que financian, no solo sus campañas electorales sino sus cuentas bancarias.

«Hoy gobiernan nuestro país las y los corruptos que llegaron al poder el 2021 con mentiras, y hoy gobiernan para sus intereses y de los grupos de poder que financian, no sólo sus campañas electorales sino sus cuentas bancarias»

Esta cleptocracia o gobierno de los delincuentes para los delincuentes, no sólo tiene una narrativa elaborada, sus canales o medios de difusión, sino que tiene sus propios héroes. Alberto Fujimori, expresidente corrupto y asesino, al que indultaron ilegalmente de la cárcel, Vladimiro Montesinos, a quien grupos de ataque, como la Resistencia, hoy están pidiendo su liberación; militares asesinos y violadores de derechos humanos que nunca debieron ser parte de nuestras fuerzas armadas o policiales, a quienes este Congreso los amnistió hace dos meses con una ley inconstitucional.

Hoy, los operadores/as y beneficiarios/as de esta cleptocracia, que tiene el poder de legislar, no sólo quieren liberar a sus héroes, sino que buscan reivindicarlos, incluso en desmedro de los derechos de las y los peruanos que fueron víctimas de los actos criminales de estos personajes.

Los partidos políticos que conforman esta cleptocracia son Fuerza Popular, Alianza para el Progreso, Podemos Perú, Renovación Popular, Perú Libre y lo que queda de Acción Popular. Sus actos de corrupción se reproducen en todo el país. Estos partidos que hoy gobiernan en el congreso han legislado para lograr impunidad por sus actos de corrupción y para perpetuarse en el poder que hoy tienen. Han legislado leyes que favorecen la criminalidad organizada, han favorecido con leyes las actividades ilícitas que mellan el desarrollo ambiental y económico del Perú; han copado las principales instituciones (la JNJ, el TC, la Defensoría del Pueblo, el Poder Ejecutivo) del Estado, con funcionarios y funcionarias que les aseguran impunidad frente a la ley.

«En sus narrativas usan la mentira como recurso literario político que, apoyados en el principio de “verdad oficial”, falsean la realidad de la crisis profunda que vive el Perú en todas sus dimensiones»

En sus narrativas usan la mentira como recurso literario político que, apoyados en el principio de “verdad oficial”, falsean la realidad de la crisis profunda que vive el Perú en todas sus dimensiones. Por eso, el discurso del 28 de julio de Dina Boluarte que ni ella mismas se lo cree, y la comparsa pactada de reafirmaciones de esas mentiras de la presidenta por ministros, congresistas y comunicadores/as, que no hacen más que invisibilizar bajo esa “falsa verdad oficial” la pobreza, la crisis económica, la inseguridad ciudadana, la crisis moral, de nuestro país.

En este sistema cleptocrático de gobierno que tiene el Perú, hoy todo parece legal. Pero todo es inmoral. Aquello que debería ser una garantía de justicia se ha transformado en un mecanismo perverso que legitima abusos de poder bajo el disfraz de la legalidad. La corrupción en el Perú hoy no se esconde, sino que legisla para sí.

En el Perú se ha impuesto la dictadura de los votos parlamentarios. Al controlar bloques parlamentarios, los bloques de poder imponen leyes, reparten contratos y designan funcionarios a su conveniencia en las instituciones estatales. La apariencia de legalidad se sostiene gracias a la suma de los votos. Pero en el fondo es profundamente ilegítimo cuando el poder legisla para sí mismo, y deja de ser justicia para los y las peruanas. La corrupción en el Perú se vuelto sistémica, con favoritismos, sobornos, licitaciones sin competencia real y todo sostenido por una mayoría supuestamente democrática.

«Hoy todo parece legal. Pero todo es inmoral. Aquello que debería ser una garantía de justicia se ha transformado en un mecanismo perverso que legitima abusos de poder, bajo el disfraz de la legalidad. La corrupción en el Perú hoy no se esconde, sino que legisla para sí»

Esta corrupción institucional no opera sola. Tiene un aliado clave que es la concentración mediática. Varios de los grandes medios de cobertura nacional, controlados por uno pocos grupos económicos que manipulan la agenda pública, deciden qué temas importan y cómo deben interpretarse, moldeando la opinión de las mayorías.

Cuando la información no está filtrada, el ciudadano no decide libremente, decide dentro del margen que le impone la información recibida. La pluralidad desaparece, la crítica se margina, la autocensura se instala en todo el estado. La prensa libre puede ser buena o mala pero, sin libertad, la prensa no será otra cosa que mala prensa. Sin prensa libre, la democracia queda indefensa ante la manipulación informativa.

Ciudadanos y ciudadanas de este país, recurar la democracia no es solo votar. Es ser un ciudadano o ciudadana informado, es exigir medios plurales y rechazar la captura de las instituciones. El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres y mujeres. Hoy ese precio lo pagamos todos y todas.

«Esta corrupción institucional no opera sola. Tiene un aliado clave que es la concentración mediática. Varios de los grandes medios de cobertura nacional manipulan la agenda pública, deciden qué temas importan y cómo deben interpretarse»

La democracia peruana no puede reducirse a contar votos, debe contar verdades, porque cuando las élites manipulan la voluntad popular, lo que queda no es democracia, sino un teatro, una cleptocracia que distorsiona todos los valores democráticos. Y si el pueblo no despierta, seguirá aplaudiendo su propia exclusión.

La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Ese ideal sólo es posible si recuperamos nuestra voz, nuestra información y nuestras instituciones.