
Por: Oscar Altamirano, Coordinador de Prensa de Cutivalú
Aunque la gestión del gobernador regional Luis Neyra León ha mostrado algunos avances, como la construcción de la carretera departamental Piura-Sechura, considerada una megaobra que beneficiará a cerca de un millón de personas, con una inversión superior a 260 millones de soles, la crítica hacia su administración persiste por un desequilibrio en la ejecución de obras regionales.
A la fecha, más allá de esta infraestructura vial de impacto, la realidad es que la mayoría de las obras que ejecuta Luis Neyra se concentran en proyectos de menor escala, principalmente en pistas y veredas. Para muchos, esto representa una falta de visión estratégica y desaprovechamiento del extenso presupuesto que tiene a disposición la autoridad regional.
«Hemos dejado atrás el sétimo mes del año, y la gestión regional a duras penas ha logrado ejecutar el 50% de su presupuesto. Un millón 200 mil soles de PIA, pero seguimos estancados en las obras pequeñitas y de poco impacto«
Hemos dejado atrás el sétimo mes del año, y la gestión regional a duras penas ha logrado ejecutar el 50% de su presupuesto. Un millón 200 mil soles de PIA, pero seguimos estancados en las obras pequeñitas y de poco impacto.
¿Dónde quedaron los hospitales estratégicos para mejorar la salud de la región? ¿Dónde está el hospital de Alta Complejidad? ¿Qué pasó con el proyecto Vilcazán, para garantizar agua para 50 mil hectáreas de cultivo? ¿Dónde están los proyectos de agua de la presa Timbes, Santa Rosa, Samán y Chipillico? ¿Por qué seguimos esperando por el proyecto Alto Piura? Un proyecto piurano que Luis Neyra prefirió dejar en manos del nivel central. ¿Dónde quedaron las carreteras de comunicación vial para mejorar los procesos de desarrollo económico de cada provincia? Simplemente no hemos visto nada en estos 2 años y medio. Ni siquiera el estadio Miguel Grau se puede contar como su victoria, pues terminó ampliando el presupuesto para un proyecto que se redujo en perjuicio de miles de deportistas piuranos.
Esta aparente obsesión de Luis Neyra por las obras pequeñas refleja un descuido hacia la inversión en infraestructura crítica. La ausencia de un portafolio robusto de obras mayores —salvo contadas excepciones— expone una gestión que prioriza acciones inmediatas y visibles a corto plazo»
Es evidente que Piura requiere proyectos de envergadura que no solo mejoren la transitabilidad local, como las obras de pistas y veredas; sino que también se impulse el desarrollo económico, social y productivo de toda la región.
Sin embargo, esta aparente obsesión de Luis Neyra por las obras pequeñas refleja un descuido hacia la inversión en infraestructura crítica. La ausencia de un portafolio robusto de obras mayores —salvo contadas excepciones— expone una gestión que prioriza acciones inmediatas y visibles a corto plazo, en perjuicio de estrategias integrales y transformadoras.
A ello se suma la incapacidad e ineficiencia de los funcionarios que actualmente se encuentran en el aparato estatal regional. Sin gerentes capaces, sin directores entrenados y sin un líder visionario, la región sólo se mantendrá en el subdesarrollo.
Pero aquí también entra un tema crucial, que se encuentra muy ligado al actual año preelectoral. No es un secreto ya que Neyra León tiene intenciones de postular a la municipalidad de Piura. Un deseo que le fue esquivo en el 2019. Sin embargo, ahora, con toda la maquinaria presupuesta regional, el gobernador prefiere mirar para abajo.
¿Acaso Luis Neyra considera que haciendo obras de pistas y veredas podrá sostener una posible candidatura para la comuna provincial? Resulta bajo y ruin que un gobernador deje pasar la oportunidad de ejecutar el presupuesto regional sólo para satisfacer sus apetitos electoreros
¿Acaso Luis Neyra considera que haciendo obras de pistas y veredas podrá sostener una posible candidatura para la comuna provincial? Resulta bajo y ruin que un gobernador deje pasar la oportunidad de ejecutar el presupuesto regional sólo para satisfacer sus apetitos electoreros, sabiendo que los únicos y más perjudicados son los ciudadanos de toda la región Piura.
Es importante recordarle a Luis Neyra que la concentración en obras menores puede traducirse en un mal uso del presupuesto y en la dispersión de recursos, que bien deberían estar dirigidos a proyectos emblemáticos, capaces de cambiar sustancialmente la dinámica productiva y social de Piura.
El gobernador Neyra León debe replantear su enfoque. Aunque, a estas alturas del partido, a menos de 17 meses de finalizar su gestión, ya demostró que no está a la altura del reto regional para el que fue convocado. La misión era reforzar la inversión pública de alto impacto que realmente deje huella, que movilice la economía y que solvente las demandas históricas de la población piurana. Pero ya vimos que la tarea lo sobrepasó como gobernador.
La confianza del electorado y el desarrollo de Piura merecen más que unas cuantas pistas y veredas distribuidas aquí y allá.
















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